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Edición 002 · 29 de julio de 2026

La tercera no es la vencida

Dicen que la tercera es la vencida. Con la memoria del Perú, ojalá que sí.

Sucede que lo más valioso que cualquier organización —incluyendo un país— tiene, es la información. Y en el Perú ya la perdimos 3 veces.

Primera: por oro

El Tahuantinsuyo se administraba con quipus. Cuerdas con nudos que guardaban los registros de censos, tributos, contaban historias y registraban las experiencias de gobierno, de las ciencias y otros campos. También lo que había en cada depósito y quién debía qué a quién. Todo iba en ellos, y había especialistas cuyo oficio era leerlos.

En 1583, el Tercer Concilio de Lima decretó destruirlos por considerarlos testimonio de superstición.

De las decenas de miles de quipus que fueron confeccionados hoy quedan alrededor de 900 en todo el planeta, principalmente en museos del extranjero.

Pérdida grave de información.

Segunda: por sal

Febrero de 1881. Las tropas chilenas ocupan la Biblioteca Nacional. Los libros salen como botín de guerra: unos viajan a Santiago, otros terminan vendidos en las tiendas de Lima como papel para envolver.

Cuando en 1883 llaman a Ricardo Palma a reorganizarla, él hace el inventario y lo escribe sin adornos:

De los cincuenta y seis mil volúmenes que contenía, sólo he encontrado setecientos treinta y ocho.

Palma se dedicó entonces a mendigar. Escribió a medio mundo pidiendo donaciones de libros —de ahí lo de "el bibliotecario mendigo"— y le compró a un soldado chileno, por dos reales de plata, un incunable de 1499. La Biblioteca reabrió en julio de 1884.

Segunda pérdida de memoria-país.

Tercera: por fuego

10 de mayo de 1943, dos de la madrugada. Se incendia el edificio de la Biblioteca Nacional en la avenida Abancay. Los bomberos tardan más de diez horas en controlarlo. Se pierde casi todo, otra vez. Lo que sobrevivió quedó quemado a medias, mojado o pegado entre sí.

En junio llaman a Jorge Basadre a reconstruirla.

Sesenta y dos años, la misma institución, dos veces desde cero.

Lo que creemos sobre Alejandría está mal

A todos nos contaron que la Biblioteca de Alejandría murió en un incendio. Los historiadores, en general, no lo creen. El fuego del año 48 antes de Cristo probablemente quemó rollos almacenados en el puerto, y la biblioteca siguió funcionando por siglos.

Lo que la mató fue más lento y más incómodo.

Un rollo de papiro en uso dura un siglo, quizá dos. Después se pudre. Así que una gran biblioteca nunca fue un edificio: era una planilla. Un ejército de escribas recopiando la colección más rápido de lo que el junco se deshacía. El día que se acabaron los sueldos, los rollos empezaron a morir de mantenimiento diferido.

Se perdió incluso el Pinakes, el catálogo de todo lo que había, ciento veinte rollos. Nadie lo copió.

Perdimos los libros y perdimos la lista de los libros. No sabemos qué es lo que no sabemos.

Las bibliotecas se queman. Pero lo que destruye el conocimiento es nuestro desinterés.

Y ahora alguien quiere poner un bibliotecario en órbita

Esta semana leí el anuncio de que la empresa Lonestar va a lanzar el año próximo un satélite con un agente de inteligencia artificial adentro. Su trabajo permanente será cuidar los archivos de organizaciones que quieren protegerse de catástrofes terrestres. El robot va a reorganizar, mantener los índices, resolver contradicciones entre registros, recopiar el sentido más rápido de lo que la entropía se lo come.

¿Dónde vive la memoria de tu vida?

Cambia "biblioteca" por lo que tú administras y la pregunta se pone incómoda.

El Excel donde estaban tus cuentas se borró. Tus búsquedas en internet, que contienen la suma de tus intereses, murieron cuando olvidaste tu contraseña. Tienes una cantidad apoteósica de información en la cabeza que ninguna IA conoce: información de tu personalidad, de tu familia, de tus finanzas, de tu profesión, de tus gustos. Una vez te convencieron de que hicieras un backup, pero está en un disco duro del 2010 que nunca más actualizaste y que ya ni prende.

Nada de eso se va a quemar. Se va a abandonar, que es peor, porque el abandono no tiene fecha ni titular en el periódico. Un día querrás aprovechar tu experiencia para tomar una mejor decisión, pero habrás olvidado los datos. Un día alguien más joven que tú querrá aprender lo que te costó sangre saber y no podrá hacerlo, porque habrá sido tragado por el olvido.

Es exactamente nuestras bibliotecas nacionales. Muertas por falta de cuidado.


Tres veces tuvimos que reconstruir la memoria del país desde cero. Pero ahora la IA puede ser tu Basadre o tu Ricardo Palma.

¿Cómo salvarás y aprovecharás el cuerpo de conocimiento que adquiriste en tu vida?

Giuliano Salas


Fuentes de esta edición: el inventario de quipus del Khipu Database Project, reconocido por la UNESCO; la historia oficial de la Biblioteca Nacional del Perú y el registro del saqueo de 1881); la conmemoración del incendio de 1943 de Radio Nacional; y el anuncio del bibliotecario orbital en The Innermost Loop, cuyo autor declara asesorar a la empresa involucrada.

Esta edición se prepara con asistencia de inteligencia artificial y revisión editorial humana. Las fuentes van enlazadas arriba.

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